07.07.08
Enviado como General a las: 21:39 por Sandalio Pérez
Estimado Sr. Postmaster. Soy el de siempre, el Sr. Sandalio. Le escribo porque estoy indignado, tanto que mordería hasta mi carcelero. Esta situación ya clama al cielo. Me refiero a la situación económica que estamos padeciendo y los responsables se hacen los irresponsables. He recibido una carta, que por cierto creo que faltan hojas, de mi primo. Me cuenta la situación de penuria que está pasando. ¡Con lo bien que le iba! Le cuento: Mi primo es gordo, de esos gordos alegres sin complejos. Todo su cuerpo rebosa optimismo y con su bendita redondez a todos cae bien. Es amigo de chistes y bromas y tiene una buena voz de tenor para cantar lo que se tercie. A la hora de comer no hace asco a nada y tiene un apetito que contagia al que tiene a su lado. Es bajo, pero levanta la cabeza cuando camina. Su trabajo es de estar por la calle. Conoce a todo el mundo y todo el mundo le conoce a él. Es vendedor de productos dietéticos. Sí, no se extrañe, vende y vende mucho a pesar de estar gordo. A pesar de su gordura es el empleado de la empresa que más vende. Es su carácter tan festivo que convence a cualquiera después de tomarte unas cañas con él. Entre copa y copa te vende trescientos euros en productos y tan contento. Ahora está en paro. La empresa prescinde de él porque hay crisis. Recibió una atenta carta: “Señor Gordo,-decía- le comunicamos que tras un profundo y exhaustivo estudio económico de la empresa, los balances de beneficios se han reducido un cero coma no sé cuántos por cientos y las ganancias de quince mil millones de euros no era lo previsto. Por tal motivo tenemos que reestructurar la empresa y nos vemos obligados a tomar una decisión drástica de reducción de plantilla, en la que usted se encuentra afectado. Por tanto, pasa usted a estar disponible para el mercado laboral. Lo sentimos y, bla, bla, bla… “
Tiene dos hijos y una hipoteca hasta la vejez. Yo le daría todos mis ahorros, pero en esta mísera prisión con veinticinco céntimos al día, ¿qué puedo hacer? Tengo oído que nos reducen la paga. Ayer, de casualidad, escuché por la radio que tiene mi carcelero que el Presidente va a reducir los salarios públicos. Ya me han dado aviso que me encuentro afectado por la medida. Al alcaide no le tocan la paga. A los carceleros sí; por eso estos días “cobro” más. Como hay muchos aprisionados, reduciéndoles un poco a cada uno suman un montón de dinero.
He escrito una carta al Presidente para comunicarle que la cosa está jodida, que el personal está con el agua al cuello y no llega para el café. ¿Usted cree que me admitirán la carta en papel de estraza? No tengo otro. Como no me fío, prefiero enviársela a usted y disponga de ella según su conciencia.
CARTA AL SEÑOR PRESIDENTE: Señor Presidente, soy el Sr. Sandalio. En otro tiempo ciudadano libre. Ahora, aprisionado en la red. Hablo por boca de mi primo: El Gordo. Seguro que lo conoce. Si usted va de cañas por La Moncloa, seguro que sí.
Resulta que después de tanto trabajo y sacrificio por mejorar la situación de su empresa, darles pingües beneficios durante años; van y lo despiden. Por guardar dinero en el banco de toda la vida, confiarles su pequeño pero importante capital durante años, sacarle el dinero de unos intereses hipotecarios; van y lo joden. Usted dice que esto es una falsa alarma, que es pasajero. Entonces, ¿porqué la empresa lo manda al desempleo? El banco, ahora le sale rana, dice que lo desahucian por impago de hipoteca. ¡A la puta calle! Menos mal que tiene una tienda de camping y la barbacoa. Podría usted decirle al señor del EURIBOR que se esté quietecito, tiene que ser un señor muy hiperactivo.
Un impuesto por abuso escandaloso de beneficios no vendría nada mal. Por un Botín desmedido. Hacen falta medidas. Si usted no tiene, yo puede robarle, perdón, pedirle prestada a mi carcelero una regla que a veces utiliza para darnos en la planta de los pies cada vez que recibe un extracto bancario. Se desahoga de tal manera que le espuma la boca, a veces no lo conozco.
Sólo le pido que utilice una buena vara para medir. Y mida bien, porque la crisis está aquí y siempre pagan los pringaos como mi primo.
Un abrazo, sin intereses, de un servidor: el Señor Sandalio, aprisionado de la red.
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03.07.08
Enviado como General a las: 13:26 por Sandalio Pérez
Sr. Postmaster, el miedo a la soledad me empuja a escribirle. Cuando le intuyo, siento su presencia y eso me acompaña. Los atardeceres desde mi celda me recuerdan la agonía de un día que muere como una triste y agotada vela derretida, sobre el plato, con una punta de mecha requemada intentando sobrevivir a la sombra, al espacio, sin remisión. Llegando la oscuridad, la soledad me embarga y no me queda más remedio que buscar un refugio en este desolado vacío. Sin nada, sin nadie, procuro pensar en usted, discúlpeme.
Después de tanto tiempo sin dirigirle una palabra, seguro que me verá como un intruso, invadiendo su intimidad, su espacio vital. Por cierto, ¿conoce usted el significado de “espacio vital”? Quiero decir en su sentido más profundo, más… intrauterino (más profundo que esto no creo que lo haya, ¿verdad?) . Se lo podría explicar con una disertación filosófica, pero no sé si me explicaría bien. Por supuesto usted lo captaría al vuelo en la primera exposición. Así que déjeme que le dé vuelta a la pelota - con perdón- de este pensamiento cual escarabajo pelotero a fin de conseguir un “pelotudo ” pensamiento, como diría el de la celda 59. Un sujeto un tanto curioso. Un encarcelado del que algún día le contaré.
Pues como le decía, a veces mi espacio vital es tan grande, tan inmenso que abarcaría toda la tierra, todos los mundos, todas las fronteras. Es una necesidad de libertad, de respirar todo el aire del cielo, la necesidad de divulgar tu presencia y mezclarte con la presencia de los otros, de oler todas las fragancias. Estas necesidades me ocurren de día; el motivo no lo sé, pero es tal y como se lo cuento, Sr. Postmaster. Cuando me dejan salir a estirar las piernas por ese hueco de patio me vienen estas obsesiones. Me producen dolor de cabeza. Es terrible Sr. Postmaster, se me pone la cabeza como un dodecaedro. Mi carcelero, siempre pendiente de mí, ve descomponerme en tantas caras que rápidamente me da un papel en blanco para que lo mire. Me calma. Es que me embeleso con el blanco. Él ya lo sabe. Si es cuadriculado me produce una terrible migraña . Tiene que ser en blanco, como mi voto. Yo no puedo votar de otra manera. Las papeletas con listas de nombres y cuadrículas para marcar me sacan de mis casillas. Determinación que asumí después de leer a Pepe Saramago ( después de haberle leído, de “estrangi”, repetidas veces me resulta ya conocido, casi íntimo. Aunque no tanto como usted Sr. Postmaster).
El espacio vital ni se conquista ni se toma, sino que se comparte. ¿Conoce usted al Führer ? Ese señor del bigote entre paréntesis vestido de militar dándole patadas al mundo. Creía que su espacio vital era el universo. Hay personas que no llegan a comprender hasta dónde llega su espacio vital. Yo creo que el límite lo tienes donde comienza el del prójimo y si lo compartimos ganaremos más espacio. Y esa es mi gran necesidad: compartir. Usted tiene un lema en su web que me gusta: “Lo que no se comparte se pierde”. Pues eso es lo que digo yo. Si compartimos todo, y cuando le digo todo quiero decirle eso: compartir las culturas, nuestras vidas, nuestros caminos y montañas, nuestros trajes, nuestra cuentas corrientes… Bueno, la de usted porque la mía… imagínese yo aquí prisionero. Lo único que comparto en este lugar tan enredado es la falta de espacio vital con mi carcelero que, del poco que tengo, me lo quita.

Otras veces mi espacio vital es tan reducido, tan minúsculo como el fondo del vaso. A la hora de la medicación, contemplo el interior del vaso cubierto con dos dedos de agua y las pastillas multicolores reverberando en el fondo desactivan mis neuronas. Me llaman mucho la atención y pierdo toda noción del tiempo. Absorto en ese reducido espacio cósmico, circular y transparente, desconecto todo acto reflejo y me embobo con esos colorines. Pierdo el control de mis glándulas salivares y la baba cae por la mella de un diente. Entonces recibo una colleja de mi carcelero, siempre tan pendiente de mí, y por acto reflejo el hilo de baba, que ya está a una micra del suelo, se retrae como la lengua de un camaleón que acaba de dar captura a su presa. ¡Ya estás embelesado! - me reprocha- Absorbo y despierto de mi diminuto espacio vital. Otra veces Sr. Postmaster, fantaseo con las pelusas de polvo que se muestran visibles al trasluz de un rayo de sol. Observo su danza ritual etérea; ese baile mágico de las motas de polvo que no van a ninguna parte. Hay tantas y en tan reducido espacio…Pero están libres.
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28.12.06
Enviado como Cartas a las: 16:15 por Sandalio Pérez
MI muy afable Sr. Postmaster. Ha pasado tanto tiempo desde mi última carta y viendo que no recibo respuesta me he atrevido (espero con su consentimiento) esta nueva misiva que ya no sé si Vd. se acordará de mi persona. Y es que en esta laberíntica red en la que me encuentro aprisionado la noción del tiempo se desvanece y todo parece que ocurrió ayer. Me viene a la cabeza el suceso de aquel fraile que se llamaba Luis, de León, maestro (lo leí en un papel de envolver, vaya a saber qué, traspapelado de un viejo libro) que lo encarcelaron por largar más de la cuenta y cuando lo soltaron volvió a sus alumnos diciendo:”Como decíamos ayer…” Pues así me siento Sr. Postmaster, con esa sensación atemporal típica de los aprisionados.
¡Qué emoción! Volver a escribirle a Vd. Por cierto, tengo que agradecerle infinitamente el detalle que ha tenido Sr. Postmaster de dedicarme una página en su web para la recepción de mis cartas. Me asaltan las lágrimas y estoy emborronando el papel de estraza que le escribo. No sé si es la emoción o el bocadillo de cebolla que me estoy comiendo a deshora. Por las manchas al margen no se preocupe. Al concentrarme babeo. Será pura coincidencia pero la mancha de la esquina superior parece una de esas montañas que a Vd. tanto le gusta ascender y con las pequeñas migas de pan parecen nevadas. Con una caja de lapiceros de colores que tengo he coloreado unos bosques con una punta de color verde; me encanta el verde, debajo de la mancha de baba (quiero decir de la base de la montaña). Con un poco de polvo de ladrillo humedecido… en ya sabe usted, he dado el color tierra (para disimular la mancha) aprovechando para todo un macizo que no tiene nada que envidiarle al medio atlas que Vd. tanto frecuenta. Y el puntito negro que aparece entre un claro, ese es Vd. ascendiendo hacia lo que parece un collado. Espero que la ilustración sea de su agrado. He elegido un tema que yo sé muy bien que le apasiona. Desde mi celda, casi en penumbras, con el resplandor de un rayo furtivo de luna le dedico este paisaje como muestra de mi agradecimiento. Mañana les mostraré a mis compañeros de celda, todo orgulloso, la página que Vd. me dedica. Estoy tan emocionado que noto que se me descompone el vientre y tengo que controlarme, pues es tarde, está oscuro y los gases de noche son malintencionados y alevosos.
Sin otro particular y reiterándome en mis agradecimientos, se despide atentamente…
Sr. Sandalio Pérez, aprisionado de la Red de Redes. �
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